Un atleta regresa a entrenar semanas después de una lesión. Se siente mejor, el dolor ha disminuido y decide retomar su carga habitual. Dos semanas después, la lesión reaparece.
¿Fue mala suerte, falta de disciplina o un error en el proceso?
¿Qué tan familiar es este escenario para ti? Para mi, es más común de lo que parece… lo he visto en pacientes que “terminan” su proceso de rehabilitación y también con atletas. Lo más interesante es que ninguno regresó realmente a su nivel previo.
Aquí es donde me pregunto: ¿cuál es realmente el problema?, ¿debemos atribuirlo sólo a la lesión o también considerar cómo se ha llevado a cabo la transición entre el proceso de rehabilitación y el entrenamiento mismo?
¿Tenemos la experiencia suficiente diseñando procesos de readaptación?
¿Debe estructurarlo el terapeuta o el entrenador?
¿Qué bases clínicas y técnicas estamos considerando para lograr que nuestros pacientes y atletas regresen a su máximo rendimiento?
Muchas preguntas quedan en el aire, y la realidad se refleja en los resultados presentes: procesos de recuperación interminables, un nivel de frustración importante en nuestros paciente y atletas, y lesiones mal recuperadas.
Con el creciente número de técnicas emergentes y programas de capacitación que alientan el uso de herramientas transdisciplinares, profesionales de la salud y del deporte parecen perder claridad en su rol. En muchos casos, se desvía el enfoque del quehacer profesional.
Entonces, el problema no radica únicamente en la falta de conocimiento.
¿Serán acaso tendencias actuales que motivan a entrenadores a hacer rehabilitación y a profesionales clínicos a llevar el rendimiento?
¿O es una falta de articulación entre áreas?
Recordemos que la rehabilitación es un proceso clínico enfocado en:
Mientras que el entrenamiento, es un proceso de rendimiento enfocado en:
Aunque hay posibilidades de intervención conjunta, los roles de ambos profesionales son bastante marcados y diferenciados.
De este vacío surge otro error: querer empezar a entrenar al deportista cuando aún se debería rehabilitar, o prolongar la rehabilitación cuando ya se debería estar entrenando.
Este desfase genera:
De manera anticipada, mi invitación es mantener un criterio sólido con enfoque clínico, objetivos claros, trabajo sobre estructuras y habilitación de procesos funcionales de readaptación para llevar al deportista a su máxima capacidad.
Para lograrlo, necesitamos:
Y no olvidemos un detalle importante: revisar nuestro ego profesional. Muchas veces creemos que con un curso o certificación ya somos expertos, y esto puede afectar los resultados.
Todos trabajamos por nuestros pacientes y atletas, pero lo que estamos consiguiendo en muchos casos son recaídas constantes, lesiones crónicas, frustración y pérdida de confianza en nuestra profesión. Por eso necesitamos un cambio de enfoque.
Para mejorar, debemos delimitar muy bien nuestros procesos y la única manera de hacerlo es:
Cada paciente/atleta precisa un proceso individualizado. El futuro del deporte y la salud no está en separar disciplinas, sino en integrarlas con criterio y conocimiento transversal.
Al final, no gana el que más sabe… sino el que mejor entiende el proceso completo.
El problema no es la lesión… es lo que haces después de ella.
Te leo en comentarios.