Skip to content
All posts

El cuerpo recuerda más de lo que crees: cómo una lesión cambia la forma en la que te mueves

Hoy quiero presentarte a Daniel, un jugador de futbol amateur de 32 años. Hace algunos meses sufrió un esguince de tobillo durante un partido; después de varias semanas de rehabilitación, el dolor desapareció, volvió a entrenar y físicamente parecía estar recuperado.

Todo indicaba que podía regresar con normalidad; sin embargo, cada vez que tenía que frenar fuerte, girar rápido o disputar un balón dividido, dudaba por un instante... no era un dolor intenso, era más una sensación “difícil de explicar” (inseguridad, rigidez, desconfianza).

Sin darse cuenta, empezó a moverse diferente:

  • Apoyaba menos la pierna lesionada,
  • Evitaba ciertos movimientos,
  • Cargaba más peso de un lado del cuerpo que del otro.

Aunque el tobillo ya había sanado, su cuerpo seguía comportándose como si todavía existiera peligro.

Se nos olvida que el cuerpo recuerda más de lo que creemos.


Cuando el cuerpo aprende a protegerse

Daniel pensaba que una vez desapareciera el dolor, todo volvería a la normalidad; pero el cuerpo no funciona únicamente como una estructura física que “se repara”, el cuerpo también aprende después de una lesión y, desarrolla estrategias de protección:

  • Cambia patrones de movimiento,
  • Limita ciertos gestos motores,
  • Aumenta la tensión muscular,
  • Modifica la forma en la que realizamos apoyos,
  • Evita posiciones que interpreta como “amenazas”.

Y muchas veces esto ocurre incluso cuando el tejido ya está recuperado.

Recuerda que “tejido sano” y “recuperación funcional” son dos cosas diferentes y, la recuperación biológica no siempre ocurre al mismo ritmo que la recuperación funcional.

Y aquí aparece algo importante: el dolor no solo deja una marca física; también deja una experiencia.

Por eso es importante tener en mente que el dolor es una experiencia protectora que no solo asociamos al daño, también es una percepción y un mecanismo de supervivencia.

El cuerpo recuerda posiciones, velocidades, gestos, incluso cargas, después de una lesión, el cuerpo presta mayor atención al área lesionada con el fin de anticipar el peligro, lo cual nos mantiene en una tensión constante… aparece un aumento de co-contracción muscular, lo cual nos lleva a movimientos más rígidos y menos naturales.

La protección al inicio es muy útil, después nos limita.

El cuerpo aprende a priorizar la supervivencia sobre la eficiencia y aparecen cambios en el control neuromuscular (timing, coordinación, estabilidad dinámica, entre otros) y con el tiempo puede empezar a limitar el rendimiento, alterar el movimiento y aumentar compensaciones.

En el caso de Daniel, el tobillo ya estaba mejor, pero su cuerpo todavía no confiaba completamente en él.

Las compensaciones que aparecen sin darte cuenta

Con el paso de las semanas, Daniel comenzó a notar molestias en otras zonas: primero fue cansancio en la pantorrilla contraria, después tensión en la rodilla y rigidez en la cadera.

El problema ya no era solamente el tobillo, sin darse cuenta, llevaba semanas modificando su manera de correr, frenar y cambiar de dirección.

Esto es más común de lo que parece, cuando el cuerpo pierde confianza en una zona:

  • Redistribuye cargas,
  • Cambia apoyos,
  • Altera la coordinación,
  • Busca movimientos “seguros”.

El problema es que muchas compensaciones funcionan bien al inicio, permiten seguir entrenando, jugando o moviéndose sin demasiado dolor; con el tiempo, el cuerpo empieza a pagar el costo:

  • Se fatiga más rápido,
  • Pierde eficiencia,
  • Aparecen molestias recurrentes,
  • Existe sensación de rigidez,
  • Disminuye el rendimiento.

Lo más difícil es que muchas personas no se dan cuenta de que siguen protegiéndose, simplemente sienten que “ya no se mueven igual”.


Recuperar la confianza también forma parte de la rehabilitación

Daniel entendió algo importante cuando regresó con su readaptador deportivo: recuperarse no era solamente eliminar el dolor, también necesitaba volver a confiar en su cuerpo.

Ahí empezó un proceso diferente, no se trataba solo de fortalecer el tobillo, sino de volver a exponer al cuerpo -poco a poco- a movimientos que había dejado de sentir seguros:

  • Cambios de dirección,
  • Desaceleraciones,
  • Saltos,
  • Apoyos unilaterales,
  • Movimientos rápidos e impredecibles.

Poco a poco, Daniel empezó a notar algo: su cuerpo dejaba de reaccionar con tanta tensión. La confianza no apareció de un día para otro, se fue construyendo mediante experiencias positivas, progresión y exposición gradual.

Porque la confianza corporal también se entrena.

Y muchas veces, una parte importante de la readaptación consiste en enseñarle nuevamente al cuerpo que puede moverse sin necesidad de seguir sobreviviendo.

El cuerpo no olvida tan rápido

Semanas después, Daniel volvió a jugar con más seguridad; no porque hubiera esperado más tiempo, sino porque entendió algo que antes no veía:

La recuperación no termina cuando desaparece el dolor.

El cuerpo recuerda experiencias, aprende a protegerse y desarrolla respuestas que muchas veces permanecen incluso después de que la lesión ha sanado.

Por eso, volver al deporte no debería consistir únicamente en “aguantar” o “sentirse mejor”, también implica recuperar movimiento, confianza, control, tolerancia y seguridad.

A veces creemos que el cuerpo simplemente vuelve a la normalidad, pero la realidad es que muchas veces necesita reaprender; y quizá, ahí está una de las partes más importantes del proceso: no solo recuperarte físicamente, sino volver a sentir que puedes confiar otra vez en el.

¿Ya no te duele… pero sientes que algo sigue raro?

 

Te leo en los comentarios.