Hoy quiero presentarte a Andrés, tiene 47 años, va 2 veces a la semana al gimnasio, corre algunos kilómetros, no tiene una lesión importante; pero, dejó de jugar con sus hijos y ya no viaja igual que antes porque después de varias horas caminando aparece dolor en su espalda baja.
En muchos contextos la pregunta que le realizarían a Andrés durante su evaluación es “¿qué tan fuerte estás?”, hoy sugiero replantearla por:
“¿Tu cuerpo te permite hacer la vida que realmente quieres?”
Gimnasio, marcas personales, kilómetros, velocidad, peso levantado, composición corporal son algunos de los indicadores de rendimiento que nos enseñan a buscar constantemente; algunos -a mi parecer- bastante pequeños que no aplican a todos los contextos y que nos hacen desanimarnos a la hora de intentar alcanzar objetivos relacionados a nuestra salud.
El problema no es buscar mejorar; es olvidar para qué queremos mejorar.
Que te parece si empezamos con una auto-evaluación sencilla para entender tu punto de partida… elaboremos juntos tu mapa de capacidad física.
Este es un acercamiento que no sustituye la evaluación de un especialista; sin embargo, nos dará información para que puedas tomar decisiones de cara al futuro.
Saca papel y lápiz -y de la manera más honesta- califica del 0 (el puntaje más bajo) al 10 (el puntaje ideal) como consideras tus habilidades y capacidades relacionadas con:
No buscamos en este momento un 10 en todo; buscamos identificar qué capacidad está empezando a limitar nuestra vida. ¿Cuáles fueron tus resultados?
Andrés no necesariamente está “lesionado”; empezó a modificar comportamientos: baja escaleras más despacio, evita cargar peso, descansa después de caminar, deja de correr.
Como él, cualquier persona
El problema deja de ser solamente físico, empieza a limitar la vida.
Tal vez no necesitamos cuerpos perfectos, necesitamos cuerpos capaces para poder correr detrás de tus hijos, subir una montaña, viajar y caminar todo el día, jugar pádel el fin de semana, levantar una maleta, entrenar sin miedo, levantarte del suelo.
Te invito a que realicemos la prueba de las 24 horas.
Elige una actividad cotidiana o ejercicio y observa:
Algo que a veces se nos olvida:
La capacidad no se determina únicamente por lo que puedes hacer una vez, sino por lo que puedes hacer y tolerar después.
Andrés descubre que no necesita entrenar solamente para “verse mejor”, necesita recuperar capacidades que tienen significado para él.
El entrenamiento debería transferirse a la vida: la fuerza, el equilibrio, la potencia, la movilidad, la resistencia y la coordinación no son únicamente capacidades deportivas, son herramientas para conservar tu autonomía.
Te presento algunas herramientas para que puedas empezar a generar cambios:
El ejercicio no debería convertirse en otro lugar donde demostrar lo que puedes hacer, debería ayudarte a conservar la capacidad de hacer lo que quieres fuera del gimnasio.
Andrés quizá no bajó 5 kg, quizá no rompió su récord de sentadilla, quizá no corrió un maratón; pero, volvió a caminar durante un viaje sin preocuparse por su espalda, volvió a jugar con sus hijos, volvió a subir montañas.
Tal vez el verdadero rendimiento no sea levantar más, correr más rápido o aguantar más que los demás; tal vez sea tener un cuerpo que siga permitiéndote hacer aquello que quieres hacer.
A los 20 quizá quieres correr más rápido.
A los 40 quieres seguir entrenando.
A los 60 quieres viajar, caminar, subir escaleras y jugar con tus nietos.
A los 80 quieres seguir levantándote de una silla sin depender de alguien.
No es dejar de buscar rendimiento, es redefinirlo.
Porque entrenar para la vida también es una forma de longevidad.
Si mañana pudieras mejorar una sola capacidad física, ¿cuál elegirías?
Recuerda, no necesariamente sea levantar más peso; podría ser caminar sin dolor, recuperar equilibrio, subir escaleras, correr, jugar, viajar o sentirte seguro dentro de tu propio cuerpo.
Quizá el verdadero rendimiento no sea hacer más que los demás, quizá sea conservar durante más tiempo la capacidad de hacer aquello que hace que tu vida valga la pena.
Porque al final, entrenar no debería ser solamente preparar el cuerpo para el deporte, también debería prepararlo para la vida.
Te leo en los comentarios.